Algunos acabados transforman por completo la madera. La madera quemada es el ejemplo perfecto de ello. Con la técnica japonesa Shou Sugi Ban aportamos a la madera un profundo color negro, una textura marcada y un carácter muy propio. El resultado es potente, refinado y totalmente adaptado al diseño de tu proyecto.
Shou Sugi Ban, también conocido como Yakisugi, tiene su origen en Japón. Allí antiguamente se quemaba la madera de forma controlada para hacerla más resistente al fuego, los insectos y los hongos. Hoy en día esta técnica sigue vigente, tanto en la arquitectura tradicional como en los diseños modernos.
Lo que en su día surgió por funcionalidad se ha convertido con el tiempo en un acabado con un valor estético destacado. Los tonos negros profundos, la estructura visible de la madera y el dibujo único hacen de cada tabla algo especial.
En nuestro taller quemamos la superficie de la madera de forma controlada, de modo que se crea una capa carbonizada que aporta al material más carácter y protección. Aplicamos esta técnica sobre todo en fresno térmico, Accoya y douglas. También podemos quemar otras maderas duraderas, como la madera de coníferas térmica, el bambú y el roble, bajo pedido.
No hay dos tablas idénticas. Cada tipo de madera reacciona de forma distinta al fuego y muestra su propia estructura. Por eso el resultado final varía desde un ligero tostado hasta un negro profundo e intenso. También es posible cepillar, antes o después de quemar, para resaltar aún más el relieve. Por último, con un acabado fijador nos aseguramos de que la capa de carbón ya no se desprenda y de que la madera requiera poco mantenimiento. El roble quemado y el douglas quemado los recomendamos exclusivamente para aplicaciones interiores.
Gracias a la quema superficial controlada se crea una capa de carbón que ayuda a proteger la madera y al mismo tiempo le aporta un aspecto muy propio. El material gana en profundidad, en textura y en un acabado que evoluciona bellamente con el tiempo.
La madera quemada es más resistente a la radiación UV, los hongos y los insectos. También en cuanto al comportamiento frente al fuego esa capa carbonizada juega un papel: la madera que ya está quemada en la superficie prende de nuevo con más lentitud.
La madera quemada se siente igual de cómoda en un interior que en una fachada. En el exterior luce especialmente bien en revestimientos de fachada, portones y cerramientos. En el interior aporta acentos llenos de carácter en revestimientos de pared u otros detalles arquitectónicos.
¿Tienes curiosidad por ver cómo queda en la práctica? En nuestras realizaciones podrás ver cómo el fresno negro y el roble negro dan a cada proyecto un aspecto muy propio.
No hay dos tablas de madera quemada idénticas. Cada tipo de madera reacciona de forma distinta al fuego y muestra su propia estructura. Eso hace que cada proyecto sea único.
El aspecto de la madera quemada sigue siendo único, pero a veces una alternativa se adapta mejor al presupuesto o a la aplicación. Quien quiera acercarse a este ambiente sin quemar realmente la madera puede optar por el cepillado combinado con un aceite negro: más económico y más fácil de reparar en caso de daños.
Nuestro friso Ignite en madera de coníferas térmica se ha desarrollado como alternativa sin auténtica capa de carbón. Muy fácil de mantener: al cabo de 5 a 7 años basta con aplicar una capa de pintura negra al agua. Interesante en cuanto a precio y apto tanto para interior como para exterior.
Quien desee la auténtica técnica Shou Sugi Ban pero quiera mantenerse dentro de un presupuesto más ajustado puede optar por la madera de coníferas HOTwood, que se cepilla y se acaba antes o después de quemar. Esta solución solo es apta para aplicaciones interiores. No dudes en pedirnos un presupuesto a medida.
¿Dudas sobre qué tipo de quemado se adapta mejor a tu tipo de madera y a tu proyecto? Estaremos encantados de aconsejarte sobre el grado y la aplicación adecuados. Ponte en contacto con nosotros y comentamos juntos las posibilidades.